Narrativa

Celular (por Pablo Valentín)

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Why is the bedroom so cold turned away on your side?
Curtis

Te pareces a Marianne.

     López no parece incomodarse. Está acostado junto a ella tan cerca que puede percibir el aliento a cigarro aún cuando se ha lavado los dientes. A Romina no le molesta. Es decir, están viendo Normal People por enésima ocasión desde el celular de ella, que es dos pulgadas más grande que el de López, porque ella no ha querido comprar una pantalla, sería como un atentado contra mi creatividad, le dijo. Él sabe que Romina genera fuertes vínculos de adicción con no más de uno o dos objetos. Lo cual es bueno a veces, pues de no ser por ella  los ajolotes estarían todavía en una pecera genérica, pero se ha gastado una fortuna en ponerlos en un estanque que bien es otra pared de la casa o una pantalla donde se repite una y otra vez el mismo programa.

     ¿Lo dices por lo flaco o porque en el fondo sabemos que soy una niña encerrada en el cuerpo de un cabrón?

     Sí, y también porque me gustas.

     López aún lleva la ropa con que fue a la comisaría, pero lo contrario sería como creer que tiene un guardarropa. López se viste igual desde que lo conoce. Él no es un godín que usa traje y camisa para apantallar. Esa es su piel. Se viste así porque está cómodo con la idea de ser un detective paranormal de la policía institucionalizada, porque sabe usar un traje inglés como si fuera ropa casual. Es cierto que López nació en CDMX y que fue a una escuela pública que o ha trabajado hasta como albañil, pero desde niño se imaginó siendo como John Constatine o Aníbal Rosco, el papá de Romina. Desde niño supo que dejaría una huella imposible de borrar y que para eso necesitaba una pizca de estilo y humildad. Lo que ignoraba era que Romina formaba parte del plan.

     ¿Saben tus compañeros que te estás cogiendo a la hija del mejor detective paranormal que existió?

     Romina cambia la conversación abruptamente, porque a la protagonista de su serie favorita le pasan cosas malas. Su vida de pareja también tiene un equilibrio desigual. Esa tarde volvieron a degradar a López de rango. Lo hacen cada vez que rompe las reglas o hace las cosas bien. En realidad, alguien no quiere que averigüe quien mató al alienígena o dónde dejaron su cabeza.

    Supongo. Aunque ellos hablan más sobre todos los policías que mató tu papá… Expone, acariciándole el vientre bajo.

      La gente sólo ve lo malo cuando una buena persona ya no está y viceversa.

      Ya, pero tú no eres así.

     Romina responde yo no soy “gente” y procede a explicar que la gente sale a fiestas, se acuesta con otras personas cuanto terminan una relación con otra y así. Ella es una mutante. Tengo el cabello de dos colores de manera horizontal, argumenta, tengo los ojos revolcados y sólo he besado a tres personas en mis treinta años de vida. Te apuesto a que no hay nadie como yo.

     Es cierto.

     López la conoció durante un caso, hace más de cinco años. Él sabía quién era. De cierta manera estaba enamorado de sus artículos, la seguía en instagram aunque ella nunca publicaba nada, así que de cierta manera sí, soy como Marianne, acepta López.

   Por eso te lo digo, a mi tampoco me gustaban tus novias anteriores. Ninguna. Eran unas mediocres enfundadas en trajes sastres con sueños de una imposible madurez. Suelta Romina asegurando que no se lo merecían.

     Oh ¿entonces a quién me merezco?

     A mí.

    A ella siempre le gustó López. Perdió a su papá como a los ocho y se quedó con una versión idealizada de su madre. López seguía ese ideal casi como un código caballeresco. Igual que los padres de Romina, se había hecho un personaje de sí mismo. Ahora que vivían juntos descubrió que su guardarropa no excedía los dos pantalones y un short de lo más equis, un par de botas bostonianas, casi cuatro camisas y un abrigo que era igual al que usaba su papá, esto porque Romina se lo regaló en una Navidad. Era un animal de hábitos pequeños también.

     Honestamente ella no se imagina con alguien más. Con alguien que se ponga pants para ir a correr o playeras para andar cómodo. Hay una o dos por ahí, pero él las usaría para salir a prepararle un sandwich en la madrugada o para trapear. La verdadera vida común no acepta distinciones. Incluso podría decir que es más una caricatura que un personaje de televisión. Como Marianne.

      Supongo que debo decírtelo, me bajaron el sueldo. Otra vez.

      Ah, replica Romina, pensando qué guapa es Marianne.

      ¿Ah?

       Bueno, cuéntame que hiciste está vez.

      Ambos miran hacia la pequeña pantalla del celular, como dos sabios descifrando el enigma de la piedra filosofal. Cualquiera pensaría que su aparente precariedad es producto de alguna falla social, pero el minimalismo extremo de Romina se debe más a su inexistente relación con el dinero y la nula necesidad que tiene de este. López no camina muy lejos. Nunca ha mantenido una relación por más de cuatro meses porque no es de los que se ponen un traje para ir a una boda, ni sale a correr en domingo. Es más de los que siempre tienen dinero para darle de comer a los gatos callejeros y una pandilla de niños de la calle, pero nunca para regalar un collar a una mujer que no sea Rom, que es la única que se lo merece desde su perspectiva moral, claro está.

     ¿Por qué nunca le regalas cosas a tus otras novias?

     La pregunta viene porque a Marianne le obsequiaron un libro de poemas en el capítulo que ven.

    Bueno, a ellas les van a regalar mil cosas porque hay una lista de weyes que se las quieren coger. O sea, quizá algunos si busquen una relación a largo plazo, pero usan los regalos como un contrato y eso implica coger. Vamos, para ellas siempre habrá alguien más ahí.

     ¿Insinúas que nadie me quiere coger?

    Romina se acomoda en el pecho de él y le mete la mano en el pantalón. Lo acaricia. Ella le acaricia el miembro todo el tiempo, pero no siempre lo terminan haciendo. Una suposición válida sería que lo hace más porque le gusta sentir algo que nunca podrá tener.

     López la mira y sonríe entrecerrando los ojos y negando de una manera tan sexy que Romina aprieta su mano obligándolo a gemir. A la distancia del morbo, lo suyo se podría definir como un fenómeno relacional basado en la anarquía. Si bien Romina siempre es la que se alejaba, lo hacía cada vez que una mujer aparecía en el radar de lo que ella denominaba su hombre, lo hacía por un miedo fundado en su inseguridad. No tenía que ser necesariamente una pareja potencial, sino cualquier otra hembra. Eso también le daba la oportunidad de no competir, de no perder. López siempre ha sido una esperanza y quizá por ello eligió pensar que no existía e internarse en una clínica para combatir la esquizofrenia en Bélgica. Pudo ser otro país, ella sólo quería poner agua de por medio. Decía cosas como que nadie en su sano juicio sobrevive vistiéndose igual todos los días, yendo y viniendo por la vida de alguien que se negaba al compromiso aunque de facto esa negación por si misma fuera un contrato. López era tan perfecto como un amigo imaginario, porque aparecía en el momento adecuado.

      Volviendo a la pantalla del celular, éste le dice Leda te quiere coger.

     ¿Eso fue un acto de celos? Romina no sabe qué hacer. Nunca dudó en presentarle a su amiga a López, pero ahora duda de lo que acaba de pasar.

     No. Le rompí el corazón cuando le confesé que no eras una invención sino alguien, ya sabes, real. Enuncia cayendo en cuenta que es lo más cruel que ha dicho sobre sí misma y de cierta manera sobre él.

     Tú me rompiste el corazón muchas veces cuando te ibas sin decir nada… y sin embargo estamos aquí, juntos y cogemos.

       Bajo una perspectiva de normalidad ella debería de soltarlo o indignarse, pero hay algo más ahí. Hay algo que se le está yendo de las manos y no es la relación porque en los ojos de López ella puede verse, sentirse. Es como escrutar un vestigio de la muerte y a la vez su vida desde el primer día. El amor para ella se le presenta como algo paternal y López es como un padre o un mejor amigo celoso. Piensa ella, porque ante esa sola insinuación de otra persona en medio de ellos Romina sabe concretamente que lo quiere.

      Flaco, ya dime qué pasó en el trabajo.

     López no sabe cómo articularlo. No es una cosa fiscal que se pueda poner en términos netos. La vida no se pone en términos netos. Todo lo relacionado con el asunto del marciano está encubierto. Desde los posibles responsables hasta las pistas tangibles, porque la vida misma es lo que se escribe en términos subjetivos, en los vacíos que dejamos como las páginas pasadas en un calendario. A su manera él sólo dice algo de esto, pero Romina es una experta del subtexto.

            Pero esto no se trata de dinero, Flaco, ya dime lo que está pasando.

Hasta ese momento, ambos sostenían el teléfono cada uno como si estuvieran tirando de la historia de Marianne para contar la propia. Pero Romina suelta el teléfono y lo abraza. Nunca lo ha abrazado tan fuerte. Nunca ha sentido que pierde lo que tiene. Y no es que haya algo en las palabras de López que por sí mismas no dicen nada. No es la primera vez que él le caga los planes a la policía de la mafia, pero ahora ella vive con él, duerme con él, comparte el baño para algo más que ducharse, podría decir que sus sentimientos tanto positivos como negativos se han fusionado a un nivel inevitablemente celular.

     López no ha dejado el celular. En ese momento Marianne está dejando ir al amor de su vida, precisamente por amor. Es el final de su serie de Tv.

      Sabes, me gusta Leda. Si algo nos separase me gustaría que te quedaras con ella.

    Romina le baja el celular con un movimiento brusco, que no es más que una reacción de su afecto.

     ¿Por qué me estas diciendo todo esto?

     Lo siento, lo siento Rom, supongo que todavía me pone triste la historia de Marianne.

     Esa noche no van a dejarse de abrazar.

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