Reseñas

De “Efialtes” de Daniel Aragonés

Daniel Aragonés Cuesta nace en Almuradiel (1979). Conocido por su estilo ácido y satírico, y sus historias anárquicas, dispares, metafísicas y sangrientas. Navega libremente entre géneros como el neo noir, terror, ciencia ficción, bizarro, realismo sucio; ha publicado los libros Basura no compartida (Alfasur, 2012), Creosota: crónicas del pantano I (Alfasur, 2014), Óxido: crónicas del pantano II (Alfasur, 2015), Sórdido: crónicas del pantano III (Alfasur, 2015),  Ausencia de conducta (Createspace, 2016),  Fotograma subjetivo (Ápeiron, 2017), Relacionado con las crisálidas (Createspace, 2017), Efialtes (El transbordador, 2018), Hedor II (Open City, 2019), Decadencia (Gradiente, 2019) y Pavura (Open City 2020). Una antología  de terror y misterio: La otra realidad (Createspace, 2015). Y cinco poemarios: Tres Ochos y Tres Ochos Versión Dissident (Alfasur, 2013).  Pensamientos en espiral (2009), Trapos sucios (2010) y Maleta de ironías (2011). Colaboración especial en  Lenguas de lava (Open City, 2017). De él se puede hallar más en Surrealismo Subjetivo e Involución X.

Su obra “Efialtes” (con una ilustración de portada hecha por Sergio Bleda) ha recibido algunas palabras, como es el caso del postfacio escrito por Miguel Cordobá:

Cuando Danilo Argento es liberado del yugo de la ceguera se encuentra en un lugar horrible que no le corresponde. Sus actos, uno tras otro, lo devuelven de nuevo a cierta irrealidad perseguidora, un mundo situado en una espiral de entrañas, muerte y culpabilidad. El propio devenir de la historia transcurre en el interior de un bucle de sadismo y sumisión. La búsqueda está condicionada por imágenes y escenas de una dimensión controlada por íncubos, ilusiones e irrealidad. La única solución es abrir los ojos y despertar en otro lugar alejado del misterio del Teatro del Horror y del más temible ser que allí habita: Efialtes.

A través de un inmisericorde juego metaficcional de surrealismo sádico, Daniel Aragonés retuerce al mismo tiempo realidades y vísceras, jugando a su antojo con la curiosidad y los límites del lector bajo una de las grandes preguntas que nos subyugan: ¿por qué?

O si bien, estas críticas:

En Efialtes, bajo el disfraz de lo onírico, encontramos un primer nivel de lectura violento, salvaje y enloquecido, con apariencia de caos, descontrol y sinsentido: no parece haber justificación moral al desarrollo de una trama que se presenta bajo el género de «terror». Sin embargo, en un segundo nivel de lectura hallamos un esquema o esqueleto hilado a la perfección, en el que surgen aspectos quizás más velados, más tenues, pero que le otorgan a la novela una dimensión muchísimo más rica, más profunda y perturbadora que el mero ensamblaje de sangre y violencia. La superposición de ambos estratos y las preguntas sin respuesta que generan en el lector convierten a Efialtes en una novela realmente impactante, de esas que dejan poso y nos persiguen días después de haber terminado la lectura.

Aunque el tono de esta novela puede ser considerado de oscuro, dejadme destacar las referencias culturales que el autor, ya sea consciente o inconscientemente plasma en esta obra y que a mí parecer le da un plus de accesibilidad al lector. Pasando por Bram Stoker y sus concubinas del infierno ( las cuatro diablesas de dientes afilados), los magníficos escenarios que dieron ese tono característico a las películas de la Hammer ( véase el inquietante Castillo de Loarre) o la psicodélica Charlie y la fábrica de chocolate más concretamente los inquietantes umpa lumpas ( véase los enanos servidores de la Bestia).

“No existimos, ¿te das cuenta? Y ese mismo detalle es el que nos obliga a hacerlo. Somos la negación, cada ser del universo lo es, la no creación de la que nació todo lo demás. Somos la metralla de la gran explosión. Formamos parte de una onda expansiva que surca el infinito. Es así“.

El infierno. Eso es, ni más ni menos, lo que esconde Efialtes, novela del escritor manchego Daniel Aragonés. Un infierno que sustituye el lago de fuego por un teatro. Un infierno en el que los demonios tienen forma de cuatro diablesas. Un infierno en el que el Diablo es una Bestia. Con tal escenografía, Aragonés redibuja un averno interior, muy personal, en el que cualquiera puede caer.

LynchBarkerKafka. Adelante, seguro que se os ocurre algún nombre más. Daniel Aragonés aglutina este tipo de influencias, las mastica y regurgita un estilo propio, nuevo y desafiante que se repliega una y otra vez sobre sí mismo en un bucle de diferentes niveles superpuestos. Al final, «Efialtes» es un exorcismo muy necesario en estos tiempos que corren. Y, como todo buen exorcismo que se precie, está lleno de sangre, vómitos, suciedad y evisceraciones. Dejad que suba el telón, si os atrevéis.

 

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