Poesía

Dos poemas de Charles M. Cadáver

Charles M. Cadáver, escritor e ilustrador que radica en la Ciudad de México. Sus letras han aparecido en las antologías Historias sobre Erzebeth Bathory, Historias de gatos, Historias de hombres lobo, Relatos de caníbales, Brujas y ocultismo, Poeamarte, entre otras de la editorial independiente La Sangre de las Musas; su pluma también ha aparecido en la Antología: Dossier Poesía Grotesca de la editorial Cthulhu (especializada en libros de temática oscura del Perú); La Nación Alien; Periódico Poético; etc. Como ilustrador ha aparecido en el fanzine Mortem’zine de arte, literatura, rock y metal (Celaya, Guanajuato), entre otras publicaciones. Charles, ha escrito e ilustrado dos poemarios y una selección de microrelatos, además, tiene un próximo libro a publicarse titulado La lápida de mis epitafios.

El autor con su poesía metafórica, narrativa e ilustración apunta a recrear la pesadilla de las fobias, su estilo contiene influencias de autores como Charles Baudelaire, Gustave Doré, entre otros. Sin más, aquí una muestra de lo creado por Charles M. Cadáver.

Himno muerto a unas simples letras

He redactado el putrefacto aliento de Caronte
que residirá mis jirones de locura al final de los tiempos,
y como cuervo egocéntrico que expía sus transgresiónes en público
para saberse perpetuo, sé que mis muertos son los mismos
muertos, con insomnio de la necrópolis a ras del cielo,
que es, éste maldito mundo…

…Y fueron las sombras que murmuraban,
saciaban con glifos mi voraz ambrosía.
Miserable de mi ¡Condenado sea!
este instinto suicida emanado es mi apoplejía;

Terca manía redactar estas líneas, que en mí se baldían,
eclipse de palabras como una funeral armonía,
ensombrecida alegoría al velorio de las apologías…

¡Malditos! ¡Malditos sean mis manuscritos!…
¡Execrable obscenidad a los ojos de quien las lea!
Y estas famelicas manos que yacen incautadas por la tinta del caos.

¡Son perdición! Éstas malditas letras! Que por mi hablan,
indigesta inquisición en la necia lengua de éste patético escriba
exhume esta porfía delectación Maquiavela,
en un grito que se propaga, ostentando ser poesía,
putrida advertencia al oído de cualquiera…

                                               ¡Ah, sii, maledetto, sospetto fatal,
opera d’un demon, d’un demon infernale!

AMORFO.
(Las palabras se mutan.)

La encantadora lírica, desmembrada
por nuestros dedos cuchillas
nos llamó sicarios…
La grácil oda de amor, nos desterró
de su melosa cursilería…

Siempre hemos buscado,
entender el mayéutico sistema
conformado por los purgatorios de la memoria.
Somos vocabulario en caligráfica locura.

Una patética noche juramos,
que los límites del verbo,
¡nunca jamás limitarían
nuestro vasto universo!

No podemos evitar,
vomitar absurdos sermones,
si no llevan su respectiva guadaña.

Y es que nunca encontraremos
la manera de acallar:
el lamento de nuestros
miserables huesos.

Somos el caos en el pensamiento.
Un manojo de instintos en la palabra.
Qué exquisita es la definición de la locura.

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