Poesía

Dos poemas de Gabrielle Pythonisse

Gabrielle Pythonisse (o La Hija de Nepthuns) es una poeta de profundidades oníricas. En 1994 (según nuestra noción temporal) Neptuno irrigó esporas en el espacio exterior, llegando reminiscencias hasta la tierra donde su alma germinó en el pueblo de las Tlaulpuchis, creciendo rodeada de mitos, leyendas, del verde campo, del lenguaje escrito en el aire y colgada de la luna. Desde la adolescencia se desenvolvió en redacción y oratoria poética y ensayística.

Actualmente reside en la Ciudad de México, en donde está llevando a cabo junto a camaradas y amigos el proyecto de recaudación de ropa de uso para donar a personas en situación de calle, bajo el nombre de “Folclore Psicodélico; así mismo colabora en una revista digital de música llamada Doomed & Stoned Latinoamérica donde realiza reseñas de discos y entrevistas.

Por el momento la presentación de su primer Plaquette se encuentra con fecha de espera dadas las circunstancias a las que estamos sujetos por la pandemia que acontece. Sin más, aquí dos poemas de Gabrielle Pythonisse.

Mi amor a la hija de Nepthuns

A fish walks on earth, in the middle of a rainy day, he’s happy…

Me enamoré de su esencia líquida
Color purpura, amorfa y hermosa
Su centro de ágata absorbía
La melancolía Saturnina filtrada
A través por las superficies Neptunianas.

Mirar su palpitar me fundía en una espiral
Que me arrastraba a profundidades abismales.
Ofídico y escalofriante su néctar
De aguas caóticas y melódicas.

Beber de ella era despertar para siempre
De este sueño profundo y eterno
La tortuga se detuvo y el sueño terminó
Sólo quedaban estas palabras colgando
De la lengua retorcida:
El Alma de la hija de Nepthuns.

Rosa Calvaria

La noche vacía de toda estrella, vacía de toda luz
La luna, teñida del obscuro misterio de la sangre
Y el vino envenenado con mercurio por un viejo amigo.

¡Se ha derramado tinta sobre el papel!

No hay palabra escrita, hay silencios en mis obscuridades
Manos trémulas, torrentes de lluvias en mis ojos, fuego en mi centro.

No hay vida, solo hay muerte
Floreciendo en la Rosa Calvaria
La noche más profunda,
La melancolía más arrebatadora
De la muerte que no es muerte
Solo es el reinicio de un Reino Animal

(infierno mineral)

Entre mis manos pálidas y trémulas sostengo un revólver
Con pasión, con tierna pasión lo dirijo entre mis dos piernas
Donde se hace la lluvia: llueve, llueve, llueve la no palabra,
llueve la no mirada, la no caricia…

(Porque la vida apenas dura nada,
Mientras la muerte es cada instante
Ahí no hay vida, solo hay lluvia y fuego
Muerte de mercurio
Infierno mineral)

Llueven undas que viajan de mí hacia ti,
De ti hacia mí, de mí hacia el padre,
Del padre hacia la hija, de la hija hacía la madre,
De la madre hacia su centro de fuego…
Hasta que el viento de mis suspiros
Apaga y mueve las undas en determinadas frecuencias.

No hay palabra dicha, solo hay lluvia sobre mi rostro y ahí sola ríe a carcajadas la no muerte, la casi muerte.

En el centro se desflora la Rosa Calvaria
Sus pétalos tienen un natural parecido
A la joven parca, feliz en la espera
De la masturbación del revólver,
Entre pétalos pálidos y marchitos
Que lentamente se desprenden…

(Porque la vida apenas dura nada
Mientras la muerte es cada instante
Ahí no hay vida
Ahí solo hay lluvia y fuego
Muerte de mercurio
Infierno mineral)

Un tiro, una violación.
Un tiro, un anhelo perdido.
Otro tiro, un sueño que se apagó.

Como una estrella que ha dejado de existir
Pero aún se alcanza a vislumbrar desde el abismo terrenal.

Aquí, en mi centro sangrante
Esta la Calvaria de la Muerte.

(Sangre burbujeante
Reflejo púrpura
Se eleva en el aire
Mi ADN en el aire
El aire mi ADN
Mi ADN en el Universo
El Universo mi ADN)

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