Poesía

Dos poemas de Jihvrel Farishta

Jihvrel Farishta (Eloy E. Castañeda Gantes) nació en la Ciudad de México en 1980. Desde joven adoptó la escritura como fuga de una realidad caótica, enfrentando la desdicha y la necesidad desde una trinchera hecha de palabras. Es escritor por defensa propia, vago, actor, declamador, orador, alcohólico, rabioso y poeta por necesidad. Es miembro del Seminario de Cultura Mexicana en su corresponsalía en Ciudad Nezahualcóyotl. Donde ha participado como organizador de múltiples eventos de carácter cultural. Ha sido promotor y miembro activo de múltiples colectivos artísticos. También ha musicalizado poesía y participado en varios proyectos de performance. Se define como un poeta transgresor, protagonista y desequilibrado, lo mismo escribe con amor que con rabia, su poesía es incoherente, maltrecha, vulgar, triste, melancólica, amorosa y carente de escuela o doctrinas.

A continuación queremos compartirte dos poemas de este transgresor poeta que extraemos de su poemario Condesa Morfina (Concepto Editorial, 2018).

Mis ciertas ganas de volar en un barco verde al cielo

Para dedicar las hojas al viento, nos falta tiempo.
Para contar más gotas de lluvia. Para vivir en otra botella
de vino. Para distinguirnos a lo lejos.

Nos faltan horas en un parque.
Dedicarnos a la locura. Aprenderme tus antojos.

Mirarme un ratito más en tus ojos.
Comernos un poquito más, el uno al otro.

Vivir desmenuzándonos los labios, a golpe de besos.

Nos faltan horas de viaje
de pelear para después querernos.
Necesitamos mares para cruzar los cielos. Tiempo para
encontrarnos en la calle.

Para confundirnos.
Para buscarnos en otros rostros. Para encontrarnos en los
mismos ojos.

Tiempo para sentirte en mis oídos.
Para desvelarme sin sentir que lo he hecho.

Espacio y tal vez para perdernos. Quisiera menos complejos
y más aciertos.

Como la decisión de darte aquel primer beso.
Tiempo infantil rápido certero.

Nos hace falta robarnos un segundo. Tomarnos de la
mano, con un sólo dedo.

Reírnos de la forma que no lo hacemos. Nos espera un
tiempo de volar barcos. De guiar versos secretos a tus ojos.
De mirarte para siempre en mis dedos.
Acariciándome el aire…

Eris

Estás ahí en la espuma. En la condena flotante. En el
espinazo nervioso.

En la carne viva del incendio.

Estás ahí donde enfría la tarde. Donde oscurece la noche.
Donde rojo es ácida miel de los amantes.
Y las manos la tinta de tu piel.

Estás donde y cuando debes. Y cuando quieres, estás mejor.

Estás porque es tu silueta la estampa, y tu sombra el
péndulo del tiempo.

Estás por ser quien está seguro.
En la alfombra y el cielo.
Sin la bóveda mercenaria del augurio. Estás en toda la
mancha urbana como un clavel en la solapa.

 

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