Ensayo

El buen vivir y la comunalidad como propuestas de sobrevivencia (por Fluvio Ugo)

Con el enfrentamiento radical de sobrevivencia en que se encuentra la sociedad humana ante su inminente exterminio, sufrimiento y extinción, con una híper modernidad sustentada en el sistema capitalista, con enfoque tecnocrático y racionalista, en sus vertientes antiecológicas y patriarcales, las cuales se alimentan y multiplican de la ideología basada en el individualismo, lo profano, la competencia, la fe en la técnica, el egoísmo, la verticalidad y el sometimiento sobre la mujer y el dominio de la naturaleza. Resulta imposible seguir manteniendo condiciones para la vida humana habitables, si el único el objetivo es el crecimiento abstracto del PIB (Producto Interno Bruto), y las abundantes ganancias financieras que cruzan el globo terráqueo de forma digital sin control y anárquicamente, sin ningún beneficio tangente para las poblaciones.

Es importante señalar que el sistema de energía fósil está totalmente rebasado para la disyuntiva actual de la vida, la Tierra no soportara otro siglo de calentamiento que generan la irracional explotación energética de este criminal sistema de mercantilización, debido a que es necesario transformar las formas en que se producen y consumen la energía, el transporte, los alimentos, la vivienda, entre otros muchos rubros, para tener una esperanza de sobrevivencia ante la inminente extinción.

Muchos se cuestionan porque el mundo está hoy invadido por la corrupción rampante e institucionalizada en todas las esferas de la vida social, esto se debe al resultado tangible del quiebre moral de los ganadores del sistema capitalista, los cuales sin rubor son seres soberbios y solitarios, dedicados solamente a fijar precios para comprar y vender, siguiendo la única lógica de mercantilización de todo lo que existe, en el que se sacrifican creencias, naciones, pueblos, seres vivos e ideales, si de ello se puede tener alguna ganancia y lucro.

El gran peligro reside en la lógica del sistema del capital globalmente articulado, porque el único objetivo como ya se mencionó, es el de lucrar lo más posible en el más corto tiempo permitido, con una expansión cada vez mayor de su poder, flexibilizando legislaciones que limitan su dinámica, expoliando países enteros, causando migraciones inhumanas de ríos de gente que huyen de la depredación capitalista, porque esta lógica sólo se orienta por la competencia y no por la solidaridad, en donde todo se permite por la búsqueda del lucro y no por la defensa y promoción de la vida.

Stephen Hawking en su libro El universo en una cáscara de nuez del año 2001, reconoce que en 2600 la población mundial estará hombro a hombro y el consumo de electricidad dejará a la Tierra incandescente, lo cual provocaría la destrucción de sí misma”.

Las crisis recurrentes y auto provocadas por el capitalismo salvaje ocasionan mayores niveles de desequilibrios sociales, políticos y culturales que conducen simultáneamente, a una mayor destrucción de la naturaleza, esta imparable tendencia amplificada por la exclusión, el autoritarismo, el racismo y la intolerancia, además de las desigualdades tan propias de este sistema, genera que los límites de la naturaleza no soporten más explotación exacerbada por las demandas de acumulación del capital. Al mismo tiempo, la inequidad social inherente al capitalismo, como la civilización de la desigualdad, encuentra múltiples y crecientes rupturas, que provocan complejos y dolorosos procesos, esto se demuestra claramente en que el crecimiento de la economía no tiene como consecuencia la felicidad de los seres humanos, porque ese crecimiento, casi siempre aumenta las brechas en las sociedades, resultando que la riqueza de unos pocos se sustenta, en la explotación de la mayoría y de la naturaleza, aunado a la práctica mercenaria de la especulación.

“El Papa Francisco, en su alocución en la ONU el día 25 de septiembre del año de 2020, advirtió dos veces sobre la eventualidad de la desaparición de la vida humana como consecuencia de la irresponsabilidad en nuestro trato con la Madre Tierra y con la naturaleza súper explotadas. En su encíclica Laudato Sì: sobre el cuidado de la Casa Común (2015) constata: Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos”.

Bajo este panorama, no podemos seguir por este camino del proceso de acumulación infinita de bienes materiales, sin considerar los límites biofísicos de la naturaleza y el imparable crecimiento de la inequidad social que sofoca la vida bajo este modelo de consumo, requerimos una política de salvación global que tenga una cosmovisión construida a través de las experiencias y vivencias ancestrales de la humanidad, que sea parte e historia de la vida de nuestros pueblos y comunidades, que nos brinde la posibilidad de aprender de realidades, experiencias, prácticas y valores presentes en muchas culturas, que sea divergente ante esta decadente civilización capitalista.

En este contexto, precisamos reconstruir de forma armónica el mundo por medio de los preceptos del Sumak Kawsay andino o mejor conocido como el sistema cosmogónico del Buen Vivir y de las demás cosmovisiones originarias incluyendo la comunalidad como sistema organizativo, estas formas de vida emergen con una fuerza desde los pueblos indígenas que han sido marginados de la historia institucional colonial, esta forma de vida se ha constituido en una propuesta y en una oportunidad para pensar otra realidad en las cual los seres humanos forman parte de un todo más armónico con la naturaleza y con los otros humanos, con la alteridad que nos enriquece cotidianamente, teniendo como premisa el reconocimiento de que existen diversos valores y formas de concebir el mundo, de respeto por todos los seres vivos que integran y conviven en nuestra Madre Tierra, entendiendo que todos somos naturaleza y que somos interdependientes unos con otros, que existimos a partir del otro, buscando esas armonías no implica desconocer los conflictos humanos y las lacerantes diferencias sociales, políticas y económicas, contrastando de forma permanente con el orden capitalista, que es ante todo depredador.

Es así, que el Buen Vivir no es patrimonio de ningún grupo o sector social en particular, ni tampoco supone un dogma inamovible que hay que adherir religiosamente, sino más bien se conforma como una propuesta en construcción y cambio permanente, siendo una concepción que parte de la idea de que existe una diversidad cultural, una pluralidad que se enriquece permanentemente en la convivencia cotidiana y que encuentra su armonía precisamente en el reconocimiento de esas diferentes formas de vivir, con la búsqueda de una vida en fraternidad, solidaridad y cooperación del ser humano consigo mismo, con sus pares y con el conjunto de los seres que habitan en la naturaleza, todos formando parte de una entidad indisoluble, indivisible e interdependiente, cuya existencia se delimita a partir de los otros, con un compromiso colectivo que permita cimentar una vida más plena y sustentable para todos.

Según Eduardo Gudynas y Alberto Acosta, el Buen vivir se puede definir como una “oportunidad para construir otra sociedad sustentada en la convivencia del ser humano en diversidad y armonía con la naturaleza, a partir del reconocimiento de los diversos valores culturales existentes en cada país y en el mundo”.

Toda esta cosmovisión no se puede encasillar sólo en el desarrollo progresivo económico como lo quiere hacer ver el mundo occidental colonial, porque el Buen Vivir es algo disruptivo y alternativo, debido a que no es una alternativa de desarrollo, sino más bien es una alternativa al desarrollo, porque va más allá de la aplicación de un conjunto de políticas, instrumentos e indicadores para salir de la condición de subdesarrollo y llegar a aquella deseada condición del desarrollo como lo vislumbra el mundo capitalista, porque el problema central es la misma visión de estas medidas impuestas por la deriva productivista y sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico, que sólo ha institucionalizado la pobreza y desigualdad generalizada para las poblaciones del mundo.

Estamos en una emergencia mundial, en donde las nociones tradicionales de desarrollo y progreso, asociadas a la idea de crecimiento, tiene a los seres humanos cautivos a una visión de competencia inhumana, racista y discriminatoria, potenciada en función de las fuerzas económicas y mercantiles, con una manera absurda de vida que únicamente conduce a la extinción, es por ello, que se requiere de inmediato eliminar la concepción del proceso lineal de la vida que establece un estado anterior y posterior, a saber, de subdesarrollo y desarrollo, dicotomía impuesta por la que deben transitar las personas o los países para la consecución del bienestar, como ocurre en el mundo occidental colonial, debido que las comunidades indígenas que llevan a cabo la cosmovisión del Buen Vivir, no tienen esos conceptos predestinados de riqueza y pobreza determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales, el mismo desarrollo convencional es visto como una imposición cultural heredera del saber occidental, por lo tanto colonial, teniendo como base de estas premisas las resistencias a la colonialidad, desde un proceso  de descolonización intelectual para que de allí se parta para lograr descolonizar la economía, la política, la sociedad, la cultura, en general al ser humano.

“La comunalidad es una concepción de vida que confronta a la civilización occidental, que propone comunalizar la vida, esto consistiría en invertir el paradigma dominante individualista, occidente-céntrico y de omnipresencia de la propiedad privada”.
Jaime Martínez Luna.

Es así, que dentro de esta vorágine disruptiva el Buen vivir se plasma como un paradigma crítico de la modernidad eurocéntrica (antropocéntrica, capitalista, economicista y universalista) y como un proyecto político intercultural, teniendo una nueva perspectiva a los desafíos del desarrollo sustentable en los planos económico, social y ambiental, por ello es fundamental la comunalidad como eje de estrategias alternativas frente al modelo hegemónico emanado de la racionalidad económica capitalista, en donde la noción y construcción de la autonomía desempeña un papel fundamental para definir la direccionalidad de esa sociedad comunitaria y su posibilidad para enfrentar la exclusión social y la insustentabilidad, aunque las estrategias de reproducción de las comunidades indígenas siguen ligadas a las dinámicas que imponen las instituciones del mercado y del Estado, en las comunidades se encuentran racionalidades con alto potencial para diferenciarse o coexistir con la lógica de la racionalidad económica neoliberal.

Las propias instituciones de las comunidades como son las asambleas comunitarias, pregonan el derecho de consulta y de expresar otras nociones de desarrollo, como sería el de la sustentabilidad ambiental con valores importantes en la comunidad, efectuándose una dinámica fuertemente de asociación entre el territorio y la comunalidad, porque la territorialidad es la base de identidad cultural y de sustento de vida, con prácticas en pleno movimiento y en transformación, que necesitan cotidianamente la construcción de espacios autonómicos y de libre pensamiento.

“La comunalidad es el elemento que define la inmanencia de la comunidad”.
Floriberto Díaz Gómez

Como resultado de estas prácticas comunales, a diferencia del mundo del consumismo y de la competencia extrema, lo que se pretende es construir sociedades en las que lo individual y lo colectivo coexistan en complementariedad entre sí y en armonía con la naturaleza, y en las que la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común, alcanzar el Buen Vivir supone una actitud sagrada o espiritual de riguroso respeto a los otros y a la naturaleza, una conducta hacia la convivencia y una ética dirigida al bien común, para la salvación de la humanidad.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad