Análisis

El laberinto de las relaciones humanas

La inmediatez del momento actual nos hace pensar que todo tiempo no es suficiente para satisfacer nuestras necesidades, las cuales han transmutado a efímeras y suntuarias insuficiencias de aceptación, son muy pocas las relaciones en las cuales el respeto, la admiración y el cariño sean las bases que cimienten los lazos hacia otras personas, el deslumbrante éxito dejó de tener sentido si no es la búsqueda de la riqueza, la cual no tiene más objeto que excitar la admiración o la envidia de las masas enajenadas, en estos momentos caóticos todas las relaciones humanas, públicas y privadas se han convertido en relaciones de dominio, relaciones conflictivas basadas en la seducción consumista, la violencia y la intimidación.

En este presente interconectado con una avanzada tecnología, muchas veces confundimos las verdaderas relaciones que podemos tener con otras personas, dando mayor importancia a las relaciones imaginarias a través de máquinas que con las relaciones reales de existencia, aunado a lo anterior estamos en una inmensa crisis de identidad que no permite establecer relaciones sanas y duraderas, en las cuales las personas permiten en mayor medida un desapego emocional, debido a la inestabilidad que sufren en la actualidad las relaciones personales, influyendo fuertemente diversos factores como son: el miedo a la decepción, el miedo a las pasiones descontroladas, los miedos al sufrimiento, el miedo al engaño y en gran medida la huida total al sentimiento de conexión y afinidad.

La sociedad enferma en la era del híper capitalismo quiere tener todo al alcance sin esfuerzo ni dedicación, esta sociedad quiere vivir aquí y ahora, se tienen ídolos desechables de minutos, los tabúes van cayendo uno a uno, estamos regidos por el vacío, un vacío que no hace diferencia de clase ni monetaria, un vacío en donde lo que importa es la inmediatez absurda sin contexto ni apego cultural, existe una nueva era de consumo que se extiende hasta la esfera de lo privado, este consumo mueve  la propia existencia a través de la propagación de la tecnología y las directrices dictadas por las grandes corporaciones.

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Ante el inminente vacío, las relaciones humanas carecen de sentido, no tiene razón de ser, la postmodernidad señala que no hay nada que dé sentido o respuesta ante las posibles relaciones, es por ello que la mayoría de las relaciones humanas se agarran de cualquier fuente de diversión o placer para no pensar sobre lo complicado de las intrínsecas relaciones, esto provoca que nos enganchemos a cualquier cosa y nos hagamos adictos a este vacío.

El cómplice perfecto para seguir vacíos es la implementación de contactos tecnológicos fomentados por la deslumbrante popularidad efímera, vivimos sin pensar y ahora también sin sentir, esta sociedad desea evitar a cualquier costo la angustia y el sufrimiento, queriendo perdurar según los estándares de belleza y juventud que dictan las modas capitalistas, una sociedad que no sufre no puede sentir con esa gran plenitud que da el dolor, nuestros vínculos afectivos están totalmente dañados, no son profundos y tienden a ser terriblemente nimios, nos invade una sociedad superficial que no siente, todo es inmediato, desechable, está quirúrgicamente diseñado para ser así dejando de lado el pensamiento y la profundización de los sentimientos.

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El verdadero problema de que las relaciones afectivas no prosperen no la tiene el internet, ni las redes sociales o los videojuegos, sino la enfermedad inculcada en la sociedad que no quiere sentir, es más fácil lo superfluo, huimos de los sentimientos porque parecen anticuados u obsoletos, lamentablemente la tecnología aplicada en la sociedad nos ha dado mayor consumo y vacío personal, existe en algunas personas tal vacío que cuando se llegan a relacionar con otra persona, se vuelve enfermiza la dependencia a la cual llegan, tratando de calmar sus carencias emocionales con supuesto afecto y control hacia la otra persona, creando una relación dañina para ambos en donde los celos, la desconfianza, la violencia y la interminable ruptura son las acciones que rigen en la pareja, en este escenario lo que manda son las divergencias rompiendo el clima de compresión y sincero interés en busca del bien común.

Sentir es lo que nos hace humanos, no importa que sean sentimientos de dolor, angustia o tristeza, de todos estos estados se aprende y se va creciendo como persona, la misma sociedad va cambiando y paradójicamente va generando su propia miseria, pero dentro de esta autodestrucción podemos encontrar algo de redención, mirando las cosas, a los otros y a nosotros mismos desde una perspectiva de salvación, en donde no caben falsas ilusiones teniendo la firme convicción de relaciones genuinas con sentimientos auténticos, en donde reconozcamos nuestros defectos y errores, partiendo de la conceptualización de que esta sociedad nos hace embrutecer pero tenemos el compromiso de hacer que las cosas mejores, resaltando la nobleza que hay en toda relación humana, es difícil pero resistimos a esta miseria que nos envuelve y esto se agradece haciéndonos más fuertes.

Cuenta con estudios en Economía y Derecho, así como de maestría en Derecho Laboral y Doctorado en Economía y Políticas Públicas; ha desarrollado una carrera artística en la escritura y en diversas actividades culturales, así mismo cuenta con una trayectoria social y política en cooperativas, asociaciones y sindicatos, también en el ámbito gubernamental ha participado a nivel local y federal, es docente de licenciatura y posgrado, además de conferencista, contando con diversas publicaciones en varios géneros literarios.

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