Ensayo,  Vidriería

La madre de todas las cosas | Recital a la Madre Tierra

Muchos hemos perdido esa relación intrínseca con la Tierra por todos los procesos de colonización, además, con la hegemonía del capitalismo en éste mundo occidentalizado, colonialista, patriarcal y globalizado nos han puesto en otros lugares donde no hay relaciones, no hay tejidos y no se reconocen los distintos saberes y culturas que respetan, veneran y cuidan a la Madre Tierra, porque cuando uno reconoce y protege a la madre, la cuida, la respeta y tiene una buena relación con ella.

La madre Tierra es nuestra casa y en este hogar convivimos seres humanos, animales y plantas; todos los seres vivos estamos íntimamente relacionados con el aire, el agua, el suelo y los vientos, es decir, con todas las fuerzas de la naturaleza que componen el medio ambiente, es así que las tierras, territorios y recursos, son elementos fundamentales que permiten la continuidad histórica y la plenitud de la vida, la espiritualidad y el desarrollo social, cultural, económico, político y humano, vinculado a las múltiples cosmovisiones, las cuales consisten siempre en la profunda interrelación con la Madre Tierra.

El mundo no es algo que se pueda dividir en pequeños espacios, sino que es algo integral, con todos sus componentes, con todo lo que existe en la naturaleza, con lo que se produce en ella y en su relación con los conocimientos; nuestro mundo es una circunferencia, donde están los dioses, los sitios sagrados, las grandes rocas, los grandes ríos, las montañas, el fuego, donde están las plantas y los animales, donde sale el Sol, el rayo solar que preña la tierra para que ella pueda parir, la misteriosa luna que avanza lentamente en los cielos.

Pero a pesar de su simbolismo sagrado la Madre Tierra es la principal víctima de nuestra sociedad actual y sus efectos sobre el medio ambiente, como es el caso del cambio climático, los eventos extremos relacionados al mismo, los residuos se acumulan, la contaminación extrema, la escasez de fuentes de agua, la destrucción de los ecosistemas, entre otras barbaridades que parecen tan ilógicas e irresponsables, resulta irónico pensar cuánto tiempo los humanos han vivido en armonía con la naturaleza, sin afectar su hábitat ni envenenar a la Tierra, recordemos los orígenes de armonía y desarrollo de las civilizaciones que la respetaban y veneraban, sin embargo, durante los últimos siglos, la sobreexplotación y la contaminación han comenzado a afectar el medio ambiente negativamente.

Las evidencias de esta barbarie están a la vista con la confluencia de la pandemia del COVID-19, la crisis ecológica de escalas local, regional, nacional y global, la amenaza latente de una guerra nuclear, y la desigualdad social tocando su máximo nivel en la historia de la especie, esto hace que se requiera una transformación radical en todos los ámbitos de la vida social no sólo con discursos y retorica “buena ondita” de capitalismo verde, de pseudo-ecologistas que no atacan la raíz del problema ambiental: el sistema capitalista, el cual es el principal causante total de ésta desgracia ambiental, porque la expansión e incorporación de la ampliación de zonas a la “economía-mundo” capitalista ha causado que exista un proceso en donde las periferias sean sometidas e incorporadas forzadamente a la vorágine de la explotación mercantil y de mano de obra como una nueva forma de división internacional del trabajo.

Como sabemos, la sociedad capitalista es un tipo de sociedad basada en la máxima ganancia, como lo menciona en la visión marxista, comentando que ésta tiene un carácter ilimitadodebido esencialmente a que la circulación simple de mercancías para satisfacer necesidades de reproducción de la vida, es distinta a la circulación de dinero como capital. La valorización del valor, dice Marx, se da dentro de “ese proceso constantemente renovado. El movimiento del capital es, por tanto, incesante”.

Ese carácter del movimiento constante del capital, que no puede detener su objetivo central  -la acumulación una y otra vez de ganancias sobre las ganancias ya acumuladas- otorga a las relaciones de mercado capitalista su configuración esencial de crecimiento incesante. La búsqueda perpetua de ganancias está basada en un mecanismo circulatorio del dinero, decisivo para nuestra reflexión: regresar el dinero acumulado a una esfera en la que pueda resarcir nuevas ganancias.  Reinvertir de modo circular, una y otra vez, es la manera no sólo de proteger las ganancias sino de incrementarlas, así, cada ciclo de acumulación es más amplio cada vez, no es la economía la que crece per se; las ganancias son el motor de dicho crecimiento, y es la búsqueda de la máxima ganancia la que obliga a un acelerado crecimiento productivo.

En este flujo constante de ganancias sin fin, requiere de nuevos territorios y materias primas para satisfacer las necesidades adaptativas de los lujos capitalistas, los cuales a través de las industrias hacen que a la maximización de ganancias la explotación natural y humana llegue al extremo de arrasar con todas las periferias, porque en particular el mundo moderno se visualiza en el centro, y en las periferias los sectores tradicionales,  en donde en éste centro existen recursos financieros ilimitados para apoyar al sistema financiero responsable de la actual crisis, pero a su vez se eliminan o deterioran los servicios públicos que satisfacen necesidades humanas y no existe ninguna ayuda para impulsar la necesaria reestructuración ecológica sin salirse de la lógica capitalista.

Ciertamente, la sociedad moderna es mucho más compleja en cuanto a sus interacciones con el medio ambiente, en contraste con aquellas antiguas, la sociedad moderna se caracteriza por la mecanización en gran escala, el uso masivo de tecnología y el dominio corporativo, así como por supuesto, transversalmente, la explotación de recursos naturales para la satisfacción capitalista de lucro infinito, tenemos que aceptar que no estamos frente a un simple cambio económico, tecnológico o cultural, sino ante una transformación civilizatoria, en donde existen causas profundas de ésta crisis, como es la doble explotación del trabajo de la naturaleza y del trabajo de los seres humanos, que una minoría de minorías realiza cada vez con más amplitud y encono.

Las propuestas del capitalismo verde, son un engaño vulgar, debido a que no es posible “ecologizar” la economía, propuesta central de la economía ambiental, porque el problema es la economía misma en su forma capitalista y más aún, la forma civilizatoria de la modernidad condicionada en buena medida por el objetivo del capital, en otras palabras, el capital no puede reproducirse sin socavar las bases materiales de su propia reproducción.

Se requiere entonces de una doble liberación y emancipación: ecológica y social, deben, pues, surgir rebeliones ambientales, igualitarias, anticapitalistas, antipatriarcales y capaces de construir una sociedad sustentable y de reformular las relaciones entre los individuos, y entre éstos y la naturaleza, es por ello que es necesario tener una firme oposición decididamente a la mercantilización de la tierra, del agua, de las semillas, de los alimentos, de la naturaleza y de la vida humana, estamos frente a una gran disyuntiva: continuar el camino del capitalismo, la depredación y la muerte o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.

No hay salida a la crisis actual con las soluciones del pasado basadas en el alto consumo de recursos naturales y energía¸ una crisis que además de social y económica es del conjunto del sistema, ecológica y democrática, la ciencia bien orientada, realizada y consensuada de manera colectiva y sin otros intereses más que los de la evidencia derivada de la investigación, será la única que pueda guiar a la especie por los caminos de la razón.

Es necesario recuperar la espiritualidad, que fue cooptada desde hace 2 mil años por los grandes monoteísmos, liberando la divinidad y el origen sagrado que ocupa la madre Tierra como creadora máxima de la vida y la conservación de la especie, con un resurgimiento de la comunalidad, es decir, del instinto social o colectivo casi exterminado por la sociedad moderna dedicada a impulsar el individualismo y la competencia, pero así mismo es de suma importancia la reconquista de territorios, de las comunidades locales y municipales ejerciendo control sobre los procesos en el espacio de los dueños originarios, en donde se respetan sus vínculos ambientales con los seres humanos, creando miles de cooperativas y empresas familiares y de pequeña escala, incrementando la economía social y solidaria, todo esto será el resultado de la búsqueda del Buen Vivir.

El reto es restituir otra manera de relacionarnos con la naturaleza y entre los pueblos, ese es nuestro deber y nuestro derecho y por ello luchamos y llamamos a seguir luchando incansablemente por la construcción de la soberanía alimentaria, por la reforma agraria integral y la recuperación de la vida rural y las agriculturas campesinas, mediante la implantación de sistemas de producción basados en la agroecología, por el respeto de los territorios indígenas y afrodescendientes, por la integración social y ambiental de los pueblos, por el fin de la contaminación degradante de comunidades enteras, por poner fin a la violencia del capitalismo, con negativas consecuencias e impactos a escala global.


Ilustración de portada "Nantli" por Gabriela Brain (@ba.akart)
Créditos de ilustraciones y fotografías a quien corresponda.

Cuenta con estudios en Economía y Derecho, así como de maestría en Derecho Laboral y Doctorado en Economía y Políticas Públicas; ha desarrollado una carrera artística en la escritura y en diversas actividades culturales, así mismo cuenta con una trayectoria social y política en cooperativas, asociaciones y sindicatos, también en el ámbito gubernamental ha participado a nivel local y federal, es docente de licenciatura y posgrado, además de conferencista, contando con diversas publicaciones en varios géneros literarios.

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