Narrativa

Los chicos no lloran [Boys don’t cry] (por Yael Iván Salmerón Angon)

Yael Iván Angon es un estudiante de derecho en la Universidad Autónoma Metropolitana, tiene veintitrés años y frecuentemente escribe e la revista de su universidad, compartiendo cuentos y poemas, además ha publicado en la página de Enpoli un artículo sobre la cárcel en América Latina; recientemente ha publicado un libro llamado La fobia a las arañas un Ebook editado por Editorial, su obra nos cuenta historias de las miles que acontecen en un país tan basto como México: desgracias rurales, adolescentes citadinos o inclusive, una araña como personaje central. Sin más aquí un cuento de su autoría.


Los chicos no lloran (Boys Don`t Cry)

Solía despertar a las 8 a.m. bañarme, verme al espejo y detestar cada día más, lo que veía. Me arreglé y comencé a preparar mis cosas para salir, algo pasó, la tierra tembló, corrí, pero todo se empezó a derrumbar dentro de mi departamento. Se escuchaban crujidos por todos lados, en la ventana se veían los edificios caer como en un juego de jenga. Una viga cayó sobre el ropero, destruyéndolo por completo, por poner atención a eso no me di cuenta que una segunda viga que estaba sobre mi cabeza caía. Desperté entre escombros, me dolía todo y después de reaccionar bien, recordé que tenía mi celular en el bolsillo y comencé a hacer llamadas, pero la señal estaba demasiado saturada, así que lo apagué, tal vez en unas horas todo sería más tranquilo, aunque en realidad no sabía que hacer o a quién pedir ayuda, seguramente la mayoría de la gente del edificio estarían muertas por este derrumbe, sólo quería llorar de la impotencia y el miedo.

El final era lo obvio en esta situación, pero tenía que ser fuerte y mantener la templanza porque sabía que alguien me rescataría. Ante mi soledad había una persona a la cual yo amaba, a la única que me faltó decirle cosas, le mandé unas cuantas palabras de despedida si es que éste era el fin, ella, mi razón de ser y a quién saliendo de esto, le pediría me diera la oportunidad de estar de nuevo con ella.

Pasaron días y mi cuerpo no soportaba más, lo único que me mantenía cuerdo era la idea de que saliendo la vería de nuevo, su sonrisa y abrazarla con tanta fuerza que cuando pusiera mi cabeza en su hombro pudiera oler su esencia, esa mezcla de perfume, suavizante de telas y perro. Escuché un grito y era mi salvación, me ayudaron y lo primero que hice cuando pude recuperar la razón fue recargar mi celular para llamarla, pero no sabía que decirle, llevaba tanto sin saber de ella, seguramente ella tendría una nueva pareja. Había sido un tonto al sepárame de quién me amaba y lo daba todo por mí, no me imaginaba como iba a reaccionar al ver una llamada mía, pero necesitaba saber cómo estaba.  Después de muchos intentos me di cuenta que no respondería, horas después lo seguí intentando, pero ella nunca contestó.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad