Narrativa

Non Servium (por TeMok)

¡El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!
Atractivo encontramos en lo más repugnante;
Cada día avanzamos un paso hacia el infierno,
Sin horror, a través de tinieblas infames“.
Charles Baudelaire

En 1868, después de verse publicada en la revista Pluma Roja la noticia de la muerte del revolucionario Julio Chávez López, en la silla presidencial se recibían noticias de un excombatiente a quien alguna vez se llamó amigo.

—Señor don Presidente Juárez; le manda decir su amigo el vendedor de pepitas que le entregue yo este papelito.

—Gracias Atanasio, ¿qué más te dijo?

—Pues nada, nomás. Pos le dije que el señor presidente quería saber qué ¿qué es lo que se le ofrecía?

—¿Y qué te dijo?

—Que se le ofrecía que, si yo no iba a comprar nada, pos que me quitara porque le espantaba yo a la clientela… y me dio este papelito pa´ usted —Juárez abrió el documento. Sólo contenía un mensaje en letras guindas: «NON SERVIUM».

Aunque no pudo entender por completo lo que implicaba un escalofrío recorrió todo su cuerpo, un escalofrío que solo volvería a sentir en el instante preciso de su muerte.

 

La noche sacudía sus aires feroces por cada recoveco de la noble y poderosa edificación del Seminario Conciliar; la vela con que el seminarista alumbraba el libro sacro sacudía su flama como un bailarín al que le apuntan con un rifle.  Los libros de Enoch son la parte de la Biblia donde nos cuentan como Luzbel desafió la voluntad de dios no por vanidad sino por amor. Encargado de bajar a la tierra, a enseñar oficios a los hombres, conoció a las hijas de estos; bello como era y bellas como son nació un amor entre ambas razas. Dios quiso evitar esto y abriendo la tierra envió a los Ángeles enamorados a habitar el infierno. El estudiante leyó todo esto mientras imaginaba los ríos de lava que Milton mencionó en su Paraíso Perdido e imaginó también los cuerpos desnudos de las mujeres que lograron seducir a Satanás y sus ángeles caídos. Él recordaba las piernas de su prima Agueda, cubiertas por medias negras, y la vez que vio como esas piernas se desnudaban sólo para él. Imaginaba a las hijas de los hombres tan bellas como su prima. No aguantó más la tentación y corrió con el libro en brazos a su cama. Allí lo guardó bajo su almohada y se masturbó como nunca lo había hecho. Después durmió plácidamente. Su habitación quedó oliendo a azufre.

Algunos años más tarde ya sus sueños estaban poblados de demonios y suplicios, castigos a los pecadores y placeres burdos. Ocupaba un campo de combate el lugar del seminario y los chillidos de sus compañeros suplían los Padres Nuestro. En el año de 1861, mientras defendía la constitución de 1857, una bala de cañón le desbarató una pierna. Él gritaba exaltado “¡arrancádmela, necesito que me la amputen para que del muñón brote la más bella extremidad caprina que este piso ha soportado!” En ardor de fiebre púsose a escribir textos delirantes que terminaba rompiendo. Sus compañeros de campaña lo recuerdan hablando incoherencias mientras dormía. Así transcurrió su vida por años y tanto en soledad como con compañías ocasionales su amargura seguía hirviendo. Hasta que una noche de verdadero desasosiego, pasada la muerte de su primogénito en tierras distantes, escribió el siguiente poema:

BELLA LUZ HA DICHO

Tú que Dios te proclamas soberbio,
sí, tú tienes el cielo por reino,

Si ejercito tienes altivo,
Tengo yo corazón vengativo
Que un ultraje jamás da olvido
Y falanges de espíritus fieros
Que a seguirme anhelosos aspiran,
Y si acaso con fuerza respiran,
Gemir y temblar hacen al cielo

Lo que tanto me hiere, ¡hay de mí!
Y mi suplicio mantiene,
Es ver que todo un Dios tiene,
Y no hay un Dios para mí.
¿no soy presa de quebranto?
¿Por qué aislado con mi espanto,
Cuando busco distracción,
Es cuando descubro un cielo
para ver mi maldición?

Satán en veloz razonamiento
Enciende su valor, su enojo y brío,
De la manera que al soplar el viento
De las llamas aumenta el poderío
Y en grito universal que el alma aterra
Dice con hueca voz “venganza y guerra”.

 

Esa noche, al plantar la pluma para dar el punto final al texto, comenzó el poeta una conversación con un visitante espectral que se anunciaba con el mismo aroma que sus sueños de puberto:

—Me has invocado del modo correcto y veo que comprendes mi intención, dime oh coplero ¿Qué buscas de este encuentro?

—Ni gloria ni amores serán mi premio, he visto los tormentos y suplicios que Dante en su comedia narra, desde niño los he visto ya en sueños, y deseo ser partícipe de estos.

—¿Eso buscas por premio poeta de poca monta? ¿Pelear por mí en tu mundo y participar de mis infiernos?

—Espero solamente ser recompensado con esos placeres que nunca me ofrecería Dios en su cielo.

—Entiendo a la perfección tu trato, veo que tienes tripas de verdugo y cerebro de guerrero; seguirás viviendo como has vivido, sin fe, esperanza ni sosiego. Pero a la hora de tu muerte me acompañaras en los infiernos para torturar a mi lado eternamente a quienes daño te han hecho; o a quien consideres tú prudente para hacer de mi infierno tu cielo.

—Mi voluntad de venganza entiendes, rebelde de los avernos, entiendes que odio al hombre como a mí mismo y por ello busco tormentos; fui traicionado por curas igual que por liberales, y rencor específico le tengo al traidor de apellido Juárez.

—Para cerrar el trato, como se cerró con Fausto, necesito que suscribas con tu sangre un documento. Es la declaración de guerra que entregué, a ese que exige sólo a él se le ame, aunque nos haya dotado de libertad en sentimientos; declaración de guerra contra ese que se llama Dios, ese que reina desde el cielo.

Extendió el diablo un papel que después de ser firmado decía con letras escarlatas solamente:

NON SERVIUM
Antonio Plaza

 

*No te serviré.
Nota: Para mayor debraye se recomienda leer los poemas del libro Álbum del corazón, principalmente el poema cuento. escrito por A. Plaza

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