Análisis

Privilegios del azar desde la meritocracia en la sociedad

“¿Los supuestos logros que tenemos son obtenidos por mérito o por azar?”

“¿Tenemos privilegios invisibilizados que hacen más inequitativa a la sociedad?”

“¿Los pobres son pobres porque no se esfuerzan?”

“¿Mi color de piel, mi genero y mi etnicidad me hacen más exitoso?”

Estas y varias preguntas se explican cuando la sociedad ha impuesto a los individuos tener como único objetivo en la vida la competencia ante los demás, nace el pretexto perfecto para incentivar el pensamiento estructurado en la meritocracia y los privilegios, que da como resultado que en la consolidación del statu quo sea importante hacernos creer que todas y todos tenemos las mismas oportunidades en la sociedad, poniendo el valor en los aportes que hace cada uno desde su posición para merecer el reconocimiento disputado.

Pero es terriblemente evidente, que esta sociedad está totalmente dividida y jerarquizada, en la que unas élites principales dirigen y mandan a los demás, convergiendo a su alrededor diferentes esferas sociales jerarquizadas compuestas por personas clasificadas según su identidad de clase y étnica, todo esa concepción de logros individuales termina siendo una mera ilusión creada artificialmente para subordinar a los menos favorecidos de las estructuras sociales.

En cada país, existen sectores de la sociedad que son privilegiados, pero la mayoría de ellos quieren disfrazar estos privilegios con un discurso del mérito, estos sectores alrededor del mundo repiten sus características en su mayoría son: hombres, blancos, heterosexuales, ricos y con poder, pero el privilegio es difícil de percibir para quienes han nacido con acceso a ese poder y a los recursos, sin embargo, es muy visible para quienes el privilegio no ha sido concedido.

Privilegio es un término que, etimológicamente hablando, procede del latín: “Privilegium” es, en concreto, la palabra latina de la que emana aquel y ella se encuentra conformada por el componente “privus”, que es sinónimo de “privado”, entendiendo el privilegio  como una ventaja especial o una exención de una obligación que disfruta alguien por la concesión dada por un ente superior o por su propia capacidad y circunstancia.

Los privilegios no son algo que se toman, son algo que la sociedad ofrece por su misma estructura, solamente que cambiaran las instituciones sociales que las ofrece, se van a continuar ofreciendo y seguirán teniendolas las mismas estructuras jerárquicas, sin importar que sean nobles e igualitarios, los miembros de estas estructuras seguirán percibiendo estos privilegios como una condición normal y los que no cuentan con estas características o privilegios son los diferentes.

Esa normalización del privilegio levanta un muro invisible entre quienes tienen los privilegios y quienes obedecen estas normas, en este juego de mentiras se puede observar que la clase dominante es una élite o minoría que se impone a la mayoría para someterlas en la ilusión de que todos pueden gobernar o escalar socialmente, pero actualmente no hemos podido independizarnos de la oligarquía y su colonialismo interno que mercadea con nuestros derechos imponiendo la trampa de una competencia donde sólo ellos siempre ganan, negando la lucha de clases y sometiendola sólo a una contienda entre individuos tontos aspiracionales por el consumo, los objetos y las posiciones sociales que fomenta e idolatra el capitalismo, es un sistema que ayuda a que las personas no cuestionen este engaño y sirve como aparato descolectivizador para el triunfo de la elite.

Estas normas sociales determinan que la sociedad debe ser dominada por una competencia inhumana en donde la solidaridad y el colectivo no importan, sólo lo trascendente es el individuo, lo que hace que este modelo reproduce los privilegios y acentúan las desigualdades, los privilegios no tiene nada que ver con si somos buenas personas o no, estos privilegios son determinados por el nacimiento, no porque se merecen estos sólo como individuos.

En la historia de las sociedades tradicionales de carácter feudal-colonial, eran legítimos los privilegios heredados por el linaje y eso hacía que por mandato divino la desigualdad fuera soportable existiendo una resignación colectiva, hasta que las revoluciones sociales y políticas introdujeron procesos parciales de descolonización, abrieron los estados postcoloniales del yugo que ejercía la iglesia para hacer un funcional sistema mercantilista, en donde nuevamente las elites diseñaron un proceso disciplinarlo para hacerlo funcional a sus intereses de clase, las ilusiones de emancipación social se desvanecieron por la nueva fuerza relevante, la única evidente para este sistema de privilegios: el dinero; mostrando la verdadera cara de este sistema, imposible de dominar por el Estado social, implementando una competencia fría y despiadada entre los individuos que convergen en la sociedad de méritos.

Dentro de este sistema las élites modernas se presentan a sí mismas y ante la sociedad como una colección de individuos talentosos y esforzados que destacan por sus méritos, no por su cuna de nacimiento, este discurso acrecienta la desigualdad lacerante del mundo, pues en apariencia este sistema parece más democrático porque segun nadie está excluido de las oportunidades al éxito y el que no lo logra tiene la culpa, todo eso es un mito fantasioso.

La forma en que los privilegios se camuflan no encontraron mejor manera que la meritocracia, la cual es una ideología que impone la clase dominante para legitimar sus privilegios y las desigualdades generadas, esto se puede observar claramente en las sociedades neoliberales, donde hay muy pocos individuos con mucho dinero que se asumen meritocráticos, difundiendo por todos los medios esa ideología para ocultar sus privilegios de clase, esta ideología del mérito es impuesta a los individuos de las clases medias y bajas, esto para dividirlos mediante la competencia y el rankeo, transformando derechos colectivos como la salud pública y la educación en simples mercancías, en privilegios, premios, becas o beneficios.

Esta desigualdad generada por un sistema meritocrático fomentará el crecimiento de fenómenos sociales que trastocan los mecanismos de movilidad en las capas sociales, porque la desigualdad de resultados hace imposible la igualdad de oportunidades, la meritocracia es una estructura de justa inequidad social que combina eficiencia con justicia y orden con humanidad, para esta visión de las sociedades es una inequidad justa, pero lo realmente perdurable es que los privilegios y la meritocracia hacen que en el trasfondo permiten que la desigualdad persista y se perpetúe, coordinado por un orden que únicamente administra la desigualdad, la justifica, la profundiza y la petrifica, en lugar de aliviarla.

Meritocracia es la idea implícita o explícita, de que se recibirá una compensación proporcional a nuestros méritos, mientras la conducta se mantenga dentro de los límites de la estructura jurídica y de lo socialmente aceptado.

Para que este sistema funcione y se propague es necesario que exista una recompensa mediante el fomento de la riqueza material incrementando la desigualdad obstaculizando la movilidad social, de una forma que la gente con privilegios transmite estos sólo a sus hijos y así de forma dinástica, de esta forma el mérito es un término maleable y fácilmente manipulable porque desde su concepción está implícito en él la posibilidad de escalar socialmente yendo más allá de nuestros orígenes, de nuestras posibilidades económicas y en búsqueda de la justicia, pero toda las evidencias muestran que se trata de una cortina de humo del sistema de privilegios para justificar la desigualdad.

Las élites que fomentan la meritocracia festejando el triunfo del individuo, enarbola las características individuales, las habilidades, talentos y cualidades personales por medio del mérito, lo que olvidan mencionar es que esas habilidades y capacidades se cultivan en lugares a los que pocos tienen acceso, estas cualidades parecen innatas, pero son el resultado del privilegio de estas élites, porque la gente con recursos usan su dinero para comprar ventajas para sus hijos, generando ventajas en comparación con el resto de la sociedad normalizando la naturalización de la diferencia y la desigualdad.

En sociedades enfermas con desigualdad extrema los privilegios de que gozan las elites son resultado en mayor medida de la suerte y el azar, debido a que influye directamente haber nacido en una familia que puede invertir en estos individuos, además de diferentes características raciales, étnicas y culturales, por lo cual, los privilegios son difíciles de aceptar por quienes los tienen, piensan desde la visión de su pedestal social que la vida es solamente de méritos como se los han disfrazado, cuando la crueldad de la sociedad muestra que la tragicomedia del azar es un influyente factor de movilidad social en este sistema de competencia voraz.

En México ha existido un discurso unificador del mestizaje, porque después de la independencia del país y en subsiguientes regímenes políticos, se fue empoderando el mito de la raza cósmica (mestizo), como representación del mexicano como un ideal unificador, causando que la población que no encajaba en estos parámetros fueran masacrados, asesinados y excluidos de este idílico sistema como sucedió con nuestras poblaciones indígenas y afromexicanas, acrecentado la discriminación y el sistema de opresión que se impuso en América Latina a partir de un constructo social de la unificación de la raza como característica principal de colonización.

El tipo de discriminación que predomina en México es el resultado de una compleja interacción entre unas ciertas características personales, como el tono de la piel, el género, la orientación sexual y un conjunto de factores sociales, económicos y culturales, existiendo una combinación de racismo y clasismo, como una forma de discriminación que, a través de la interpretación social de unos ciertos aspectos biológicos como los rasgos y  el color de la piel, caracteriza a estos aspectos como positivos o negativos, en el país es muy difícil trascender la barrera de la clase social, pero mucho más para quienes tienen un origen predominantemente indígena o con un tono de piel oscura, lo anterior es un claro ejemplo del privilegio de las elites, al implementar un sistema en el que las tonalidades de la piel son percibidas a partir de intervenciones sociales y culturales, así como vinculadas a un cierto nivel socioeconómico.

Pigmentocracia: es el establecimiento de una relación entre poder y color de la piel, además de otros rasgos fenotípicos como legitimación del dominio de personas de piel blanca sobre personas de piel oscura.

Es por ello que en México, las condiciones étnicas y de color de piel condicionan el éxito económico y laboral, como lo demuestra el informe de la organización Oxfam, en colaboración con el Colegio de México (Colmex) y titulado “Por mi raza hablará la desigualdad”, el cual revela las diferencias entre personas de distintos tonos de piel y origen étnico-racial a la hora de tener oportunidades de trabajo y de alcanzar los niveles más altos de riqueza en el país, anexo la liga para consulta del estudio:

https://www.oxfammexico.org/sites/default/files/Por%20mi%20raza%20hablara%20la%20desigualdad_0.pdf

Así también, se puede decir que el 55% de las personas blancas en México va a la universidad y preparatoria, sólo 31% de los habitantes de piel morena lo logra,  así mismo mientras 6% de la población mexicana de 18 a 59 años con tono de piel más clara reporta ser director, jefe o funcionario, sólo 2.8% de las personas con la tonalidad más oscura alcanza esos puestos, es decir, menos de la mitad de las personas morenas accede a esos escaños profesionales.

Otro ejemplo de lo anterior es que los profesionistas y técnicos blancos representan 21% de la población ocupada, mientras que los morenos aglutinan al 12%. Los porcentajes son prácticamente los mismos en el caso de los trabajos administrativos y de ventas. Las cifras comienzan a revertirse en el extremo opuesto de la ocupación laboral, esto es que el 44% de las personas de tez morena se desempeñan como trabajadores de apoyo, agropecuarios o en servicios personales, 28% de los mexicanos blancos realizan estas actividades. Los artesanos blancos aglomeran a 8% de la población, mientras que el porcentaje se duplica en en el caso de los artesanos morenos.

Todos estos datos se pueden consultar en la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2017 del INEGI, anexo la liga para consulta de la encuesta: https://www.inegi.org.mx/programas/enadis/2017/

Lo que queda claro es que a pesar de una narrativa social predominante de este sistema que promete igualar oportunidades y resultados, las diferencias empiezan incluso antes de que nazcan las personas: el hogar de origen es decisivo para los destinos económicos alcanzables, tanto en relación con los orígenes socioeconómicos como étnico-raciales.

Como resultado de lo mencionado se puede llegar hacer una autoexploración de nuestro crecimiento como individuos ante la sociedad con nuestra habilidad para promover equidad, porque la mayoría de nosotros tenemos identidades que son parte de grupos privilegiados y de grupos oprimidos, pero nuestra egolatría no permite identificar que tengo tal o cual privilegio, porque explorar una identidad privilegiada es particularmente difícil para muchas personas, ya que involucra reevaluar las creencias sobre uno mismo, sobre los demás y sobre el mismo, observando que todas las creencias que sustentan sus vidas se desmoronan porque su privilegio fue al azar y no se tuvo ninguna participación para que este ocurriera, pero todavía existe el absurdo de quienes niegan estas desigualdades, además de la forma en que dañan y vulneran los derechos más básicos de las personas, simplemente basándose en experiencias individuales como argumento, pero la misma utilización de experiencias individuales que contradicen la norma, el recorrido histórico y las estadísticas, como argumento, no sólo es egoísta, es además, absurdo, es por ello que lo que se requiere son políticas de acción afirmativa para impulsar a los grupos excluidos y combatir en serio la reproducción de estereotipos.

Es importante que desde el Estado y en la sociedad en general se hable de estos privilegios y de la segregación social que genera la hegemonía racista, que en este momento se ha convertido en un tabú nacional, esperando que su crítica y estudio genere la deconstrucción social que se requiere para abolir este sistema injusto y vergonzoso para la humanidad.

Cuenta con estudios en Economía y Derecho, así como de maestría en Derecho Laboral y Doctorado en Economía y Políticas Públicas; ha desarrollado una carrera artística en la escritura y en diversas actividades culturales, así mismo cuenta con una trayectoria social y política en cooperativas, asociaciones y sindicatos, también en el ámbito gubernamental ha participado a nivel local y federal, es docente de licenciatura y posgrado, además de conferencista, contando con diversas publicaciones en varios géneros literarios.

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